Canadá 2010. Regreso a casa
Ya han pasado 2 semanas desde el inicio del viaje a las Canadian Rockies y es momento de regresar a casa. Volver a la rutina del trabajo y la vida diaria y dedicar algún tiempo a recordar los increíbles momentos vividos en esta aventura canadiense.
Ha sido un viaje emocionante por muchas razones, pero la que más me ha marcado ha sido sin duda la sensación de libertad.
Una libertad que he sentido cada día al recorrer junto a Ira esas carreteras solitarias, serpenteando entre las espectaculares paredes rocosas.
Una libertad que me han contagiado, los ciervos, los elks, las marmotas, las ardillas, el lince, las águilas calvas y como no, aquellos dos oseznos asustados que apenas pudimos ver a lo lejos, en una tarde memorable en Jasper.
Todos ellos me han hecho sentir un poco más cerca de esa naturaleza salvaje que tantas veces he visto en documentales.
Canadá es un país enorme y yo sólo he visitado una parte muy pequeña, pero es la parte que quería conocer y no me ha defraudado. Al contrario, deja el listón muy alto para futuros viajes.
Canadian Rockies son paisajes fabulosos, abundante fauna y gente muy amable que siempre están dispuestos a ayudar.
Creo que se nota que me ha encantado este viaje y vuelvo con la sensación de que una parte de mi se ha quedado en lo alto de Piramyd Mountain bañado por los primeros rayos de sol al amanecer, en Minnewanka Loop buscando las primeras manadas de elks, en los reflejos de Medicine Lake esperando ver algún moose con su cabeza dentro del agua o en la Highway 16 recordando esas patrullas con el 4×4 en las primeras horas del día al grito de: “¡¡¡coyote, coyote!!!”.
En fin, que mientras escribo estas reflexiones en el vuelo de vuelta no puedo evitar emocionarme pensando en todo lo vivido, y creo que a partir de hoy y como bien dice Ira: “quiero ser un poco canadiense”.
Vehículo 4×4 con el que recorrimos 4.130 km por carreteras canadienses entre los días 15 y 30 de septiembre de 2010.







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